Ella era sinónimo de rebeldía, su largo cabello definía sus raíces y al mismo tiempo el universo, mi universo, sus senos marcaban sus ideales, sus caderas llevaban su ritmo y sus piernas demostraban su lucha, esa lucha que me enloquecía.
Sus pensamientos habrían aterrado a cualquier persona, pero a mi, a mí me enamoraban.Ella era tan valiente que podías ver libertad en ella, sus ojos jamás reflejaron miedo, su boca expedía fuego y cada una de sus respiraciones sonaba como una canción protesta.
Era capaz de enfrentar a cualquier persona con tal de resistir, fueron incontables las veces que gritó injusticias clamando la equidad, educación y salud que tanto necesitaba su pueblo, tan incontables como sus lunares…No temblaba al exigir respeto un policía y el Estado mismo que buscaba reprimirnos en cada movilización y acción. Tampoco dudaba en ponerse su pañoleta o una capucha para salir a la calle a contar en las paredes que nos estaban matando, que Colombia no podía más, que nos robaron las oportunidades, que nos cortaron las alas con sus gases y aturdidoras, pero sobretodo, para decir que necesitábamos un cambio.
Ella era real, tan real como la desigualdad, no hallaba en ella otra cosa que no fuera fascinación y admiración. No sé por qué pasan este tipo de cosas ni tampoco por qué lo seguimos permitiendo pero, donde ella esté, yo la amaré y en su nombre lograré ese pequeño cambio con ella soñó.